jueves, marzo 23, 2006

Datos

Soy Jeremías De la Costa, mi edad es algo que tiene poca relevancia, al menos que entremos en una discución en cuanto a lo que edad significa. Por ejemplo, podría darles el dato, la fecha en qué fuí sacado del vientre de mi madre, fecha que (de ser utilizada) daría un recuento erróneo de mi edad. Verán, uno cuenta los años partiendo de esa fecha, pero la realidad de nuestro tiempo existiendo es otra. Si yo les digo que nací el primer día de Enero de mil novescientos ochenta, y hoy es ocho de Julio del año dos mil cinco, calcularán mi edad en veinticinco años y medio. Sin embargo, al considerar los nueve meses dentro de la plascenta, tendríamos que precisar mi edad en los veintiseis años y tres meses. Por lo que, si a ustedes se les dice: “oye, ¿conoces a Jere de veintiseis años?” ustedes tendrían que contestar algo como: “pues conozco a uno de veinticinco”. Sería interesante si pudiésemos fijar nuestra edad psíquica. Imaginen que yo les dijiera, miren me llamo Jere, tengo cuarenta años, y nací el primero de Enero de mil novesciento ochenta, podría ser inconcruente, por lo ya explicado arriba, pero quizá sería acertado. Bueno, la cosa es que no podría precisarles mi edad psíquica. Por otro lado, difícilmente podríamos dar cuenta de nuestra fecha de nacimiento, pues de llegar a hacerlo, habríamos dado solución al dilema moral del aborto, pues si se precisa la fecha de nacimiento, se estable el momento exacto en que se es, en que uno existe. Ya ven a los antiabortistas y proabortistas discutiendo el asunto. Para que pueda decirles mi edad tendría que realizar un estudio desde la bioética, la medicina, la psicología, la neurología y la filosofía. Hecho tal análisis autobiográfico podría dar mi edad. Realmente, en este instante, no tengo deseos de establecer mi edad. Nací en Tijuana, en el estado de Baja California. Esto es real, pueden revisar los archivos del registro civil tijuanence. Mis datos biográficos son irrelevantes, con los aportados hasta aquí basta. Mi nombre es Jeremías De la Costa, asesiné con predemitación a mi esposa, estoy libre, tanto de culpa como del sistema judicial. Esta es mi historia.

domingo, marzo 05, 2006

Jeremías y el bar

Camina con la desperación del hombre perseguido, aunque él no es ese hombre.

Si pudiese meterme en la cabeza de Jeremías, podría hablarles algo sobre sus pensamientos. Quizá explicar sus conflictos. Pero me es imposible. ¿acaso no soy el creador de Jeremías, por lo que le conozco? La naturaleza de Jeremías me es tan ajena como el origen de Dios.

Mientras camina ve agazapados en una banca de la avenida Revolución una pareja, novios que se desgastan con besos, Jeremías hace una mueca parecida al asco que siento cuando veo a un hombre gemir de placer mientras es cubierto por la mierda de una mujer, mientras veo que se traga esa mierda y sonríe lleno de gozo.

Baja las escaleras del bar.

Con mis ojos sobre tus pupilas, bien clavaditos como palillos en la salchicha de un bar donde universitarios egresados, jóvenes esposos, matrimonios humildes -es decir sumerjidos en la idiotes del enamoramiento- que se han artado de la estridencia, buscan un refugio, acojedor, pero inmensamente lejano, como cualquier bar, entonces mis oídos dejan que tu voz sea un murmullo, una canción de fondo mientras veo las burbujas de mi cerveza, murmullo a veces claro, a veces opaco al que mi cuerpo responde afirmando, y yo soy un recibidor-transmisor, capto y regreso, sin reservas, apenas recuerdo unas cuantas palabras, las suficientes para responder a tu discurso con frases célebres improvisadas. Narro eventos de mi vida; vergonzosos, dolorosos y profundos.

Un atisbo de honestidad es lo que busco, ya ni la honestidad misma, qué digo honestidad, por lo menos sinceridad, un momento alegre es abrirte la puerta del carro riéndome de mí mismo, divertido con la noción de abrir la puerta, me quiero convertir en un caballero, por un instate lo hago, aquí no importa si tu te sientes alagada, respetada, la alegría viene con la sincronización entre un ideal y un acto, cuando me creo que soy lo que deseo ser. Aún no he sido sincero, pero he sido espontáneo, lleno de alegría. A caso no soy sincero, honesto incluso, al decir esto, puede que lo sea, si es que no dudara de la veracidad de estas frases.

Cuando suena mi celular, date cuenta que dije mi, como decir me sonó el celular, es decir; ya es parte de mi, como mi novia me dijo, como me salio con que quiere... como se me sale de control, el celular, el carro, los amigos, las mujeres son parte de mi, responden a necesidades fuera de su alcance. Cuando me suena el celular la voz dice más de lo que dice, respondo a su deseo, cuando callo cuestiono mi deseo, si tengo suerte encuentro otro deseo, en la mayoría de las llamadas encuentro una negación, no quiero, un no-deseo, ojalá no vengas es decir ojalá me quede solo, ojalá venga tu cuerpo sin ti, entonces si deseo, claro tu cuerpo con tu voz y tus movimientos sutiles y maravillosos, tus manos y tu piel, aquí van un par de metáforas -ausentes- pero tu piel es tu piel, cómo describirla, pues es blanca, liza, suave y qué piel no es lisa y suave, la piel cambia de color, pero sigue siendo piel. Es tu piel de mujer, con ella viene tu feminidad, es esto lo que deseo; tu ser femenina, quiere esto decir que lo mismo da cualquier mujer. Para empezar; estética. Digámoslo como es; hay mujeres horribles, no hay más.

Cuando dices voy, yo, pienso en tu feminidad, no en tu coversación, no en tus alagos, no en el entendimiento. Eso lo puedo tener con quien yo quiera, hombre, mujer, transexual, homosexual, padre, madre, hermanos, en fin. Es tu particular faminidad la que deseo tener junto. Por supuesto que desnudarte para conocer todo recobeco de tu cuerpo se vuelve un requisito. Recobeco suena prosaico, conocer todo tu cuerpo, así sin adjetivos, metáforas o construcciones poéticas; es un requisito conocerte completa, sentirte, sentir tus labios, sentir tu vagina, tus gluteos, tus senos, tus piernas, tus brazos, tus cabellos, probar tu lóbulo, tu piel, guardar una percepción íntegra de tu ser mujer. Como ves, tu amistad poco vale. Vaya no me flatan amigos, verdaderos amigos, tampoco diré que sobran, son pocos pero son los que me tocan. Recordemos a Cristo: los amigos se cuentan con los dedos de una mano, en mi caso no excedo a los cuatro amigos, entre ellos una mujer. Qué más puedo pedir. Otro amigo. Quizá, pero no por hoy.

Ahora quizá entiendas porque te he cedido el paso mientras entramos al bar. Si no hay convivencia sexual me aburro. Para para descubirir mis demonios, está mi psicoterapéuta, así que guarda tus frases inteligentes, reprime tu impulso a querer ayudarme, a no dejarme caer, en todo caso ¿por qué no caes conmigo? Es aterrador ver acercarse el suelo, es verdad.

Déjate caer desnuda sobre el colchón, hoy no somos.